Fases de la descripción


Describir- nos dicen los diccionarios- es explicar o representar mediante palabras un objeto, un lugar o una persona. En realidad, si os acordáis, el texto instructivo que escribisteis según el modelo de Cortázar a principios de curso puede considerarse una variación de un texto descriptivo, es decir, el texto instructivo es un texto descriptivo de un proceso ordenado. Por tanto, ya casi habéis practicado esta modalidad textual.

Asimismo, se dice que la descripción es un proceso que consta de tres fases: observación del elemento que se va a describir; selección de los rasgos más característicos y relevantes del elemento descrito y ordenación de esos rasgos para, finalmente, producir la descripción. Lo quiere decirse es que, lógicamente, debe observarse, en primer lugar, el elemento (persona, objeto o lugar) que desea representarse mediante palabras. En esta fase procuraré fijarme e indagar, sin filtros, en el elemento: forma, disposición y otras características físicas (altura, anchura, color, brillo...), así como otros elementos no visibles (utilidad, ambiente, orígenes...). Una vez que tengo una visión completa sobre el elemento, debo realizar una selección de esos rasgos observados. Se trata de delimitar cuáles son los rasgos que convierten a ese elemento en un objeto único, esto es, cualquiera que lea mi texto descriptivo debe representarse en su mente el elemento que deseo describir, tal como yo mismo me lo represento. Y, por último, se trata de ordenar esa selección de elementos: de dentro a fuera o al contrario, de lo general a lo particular o a la inversa, de arriba a abajo o al contrario, de izquierda a derecha o al revés... o cualquier otra opción que me resulte útil para conseguir trasladar al lector mi representación, mi visión del elemento descrito.

Como ya habréis reparado en ello, en la explicación del texto descriptivo me he referido de continuo a los rasgos característicos del elemento descrito. Resulta evidente que en los textos descriptivos abundarán los adjetivos, puesto que son las clases de palabra que ponen de manifiesto esas cualidades o rasgos característicos del objeto, lugar o persona. De igual modo, si la descripción es literaria, junto a los adjetivos, aparecerán comparaciones, metáforas, hipérboles... como recursos habituales.

En fin, dado que ya tenéis algunas pautas para realizar descripciones, no me resta sino presentaros algunos modelos y plantearos vuestras tareas de escritura. Vais a practicar dos tipos de descripciones: descripción de un lugar y descripción física y psicológica (retrato) de una persona (vosotros mismos), un autorretrato, por tanto.

Descripción de vuestra habitación


No olvides que se trata de que cualquiera que lea tu texto pueda "ver" el espacio que describes, un espacio para ti muy conocido y familiar, pero no para el lector. Fíjate en el modelo que te he descrito yo más abajo de mi habitación de trabajo (parcial). En este modelo, la descripción está organizada en torno a la silla de ruedas que ocupo ahora mismo: lo que se ve desde ella, lo que hay a derecha e izquierda.

Entro en mi habitación y frente a la puerta, orientada hacia la pantalla del ordenador, está, vacía, mi silla azul. Es una silla de oficina con ruedas, brazos, giratoria y con asiento ajustable mediante elevador neumático. No había pensado que toda la habitación la veo desde esta silla. Recuerdo que la compré en IKEA hace ya algunos años y que su precio me pareció alto. En IKEA, este mueble, como la mayoría en esta tienda de mobiliario, tenía un nombre, Joakim, que coincidía casualmente con el mío. Durante un tiempo se la cambié por otra similar a mi hijo; pero la echaba de menos y regresó, manchada, a mi habitación, conmigo. Son muchas- demasiadas- las horas que me asiento en ella.

A la derecha tengo mi librería, compuesta por cuatro cuerpos ensamblados, rematados por una cornisa que recorre sus 4 metros. Está fabricada con una madera noble; en realidad, solo chapa de esta madera: sapely; es la misma madera que chapa la puerta de acceso a la habitación. No hay, por tanto, gran variedad de color ni de calidades. En la parte baja de la librería hay puertas que ocultan a la vista lo que mismo que se ve: libros. Cada cuerpo de la librería está dividido por cuatro baldas. Dos cuerpos de la librería, los más próximos a la silla, soportan los pesados libros de Lingüística; los cuerpos más alejados de la silla, delgados y dispuestos en doble fila, reúnen mis libros de Literatura. Ahora me doy cuenta: de acuerdo a mis libros, tengo una mente dividida al 50%, entre la Lengua y la Literatura, aunque está (siento) más próxima la Lingüística. Seguramente, mis alumnos se preguntarán cuántos libros tengo en esta librería: no lo sé. Creo que nunca llevé un cómputo exacto. Como cualquier biblioteca personal, es dinámica. Algunos lilbros los prestas (y no te los devuelven); otros proceden de otras bibliotecas, con sus tejuelos e identificación, que te recuerdan que tienes que devolverlos. Pero ahora hay muchos más libros en las casas: los libros digitales. ¿Cuántos libros y artículos contiene mi disco duro principal? Tampoco lo sé, pero seguro que muchos más que libros impresos. ¡Qué pocas viviendas contendrán libros impresos dentro de 20 años! ¿Serán una reliquia del pasado?

Frente a la silla, está la pantalla del ordenador, un monitor 4:3 de 19 pulgadas de LG, colocada sobre un sencillo escritorio: un grueso tablero de unos 2 metros de largo por unos 70 cm. de ancho. En un lateral del escritorio, el lado derecho desde la silla, hay un espacio donde está la CPU del ordenador, de color negro, que descansa sobre una cajonera con carpetas colgantes. ¡Cuánto tiempo hace que no abro ese cajón y consulto los papeles de las carpetas colgantes! De nuevo, el ordenador, sus directorios y archivos, han sustituido esa clasificación, física, de materiales impresos. En el lado izquierdo, hay un par de baldas, llenas también de papeles y carpetas.

Y más papeles y carpetas, ya sobre el suelo, recorren ese lado izquierdo de la habitación, pintada en blanco, hasta llegar a otra pequeña librería, esta de pino, también pintada en blanco, y un solo cuerpo, dividida en cinco estantes. Esta librería contiene, básicamente, materiales para las clases: libros de texto y materiales propios (tablas, ejercicios, textos...).

A la espalda de la silla, a mi espalda, por tanto, hay un armario empotrado que, aunque de sapely, está, de igual modo, lacado en blanco. Tiene dos puertas que esconde a la vista varios estantes, también repletos de libros, papeles, carpetas archivadoras A-Z... Pienso ahora que esta habitación es altamente inflamable: contiene cientos de kilos de papel impreso, manuscrito, encuadernado, fotocopiado. ¡Menos mal que no lo sabe el bombero de Fahrenheit 451! Pero, como he dicho, esto queda a mi espalda, relegado, alejado de mi vista y de mi acceso frecuente. Pocas veces abro ese armario y consulto los materiales que contiene. Y mucho menos recurro al altillo de este armario, donde se apilan libros fotocopiados y encuadernados en canutillo.

En fin, llegamos, sin desplazarme, en un giro final de la habitación, a la puerta de entrada. Como no veo desde el cogote, a veces, mi hijo o mi mujer me sorprenden cuando se acercan sigilosos a mí, a mi silla azul, orientada hacia la brillante y parpadeante pantalla del ordenador. ¿Será porque me abstraigo en demasía en esos mundos virtuales que me acerca el ordenador?

Tu autorretrato


En este caso, se trata de que os describáis (os aconsejo el uso de un espejo) física y psicológicamente. Cuando en la descripción aparecen estos dos tipos de rasgos de la persona se habla de retrato. Para facilitaros la tarea, os inserto modelos, así como dos listados de adjetivos.

Por último, os recuerdo que en la literatura se combina verdad y mentira. Quiero decir que si algunos de vosotros se avergüenza de escribir su autorretrato puede recurrir a la caricatura o a la ficción.

Modelos







Antología_descripc_personas by Joaquín Mesa


Adjetivos


Adjetivos_retratos by Joaquín Mesa