Glosas

Aunque las Glosas Emilianenses y Silenses se han considerado tradicionalmente los primeros testimonios escritos de la nueva lengua neolatina, en fechas recientes (2009) se ha declarado que esa preeminencia cronológica corresponde a los manuscritos conocidos como Cartulario de Valpuesta, del siglo IX.

Glosas


Jarchas


Ya sabemos que jarcha significa en árabe "salida" o "final". Su denominación alude a la posición que ocupaban, al final, en el poema culto árabe o hebreo, las moaxajas ("collar") en el que se incorporaban.
Jarchas

Si queréis leer alguna otra jarcha, podéis encontrarlas en esta dirección.


Cantigas


De Martín Códax, un trovador gallego del siglo XIII-XIV, conservamos siete cantigas, pero, por suerte, junto al texto aparece la notación musical (pergamino Vindell) que nos permite reproducir las cantigas tal como se escucharon originalmente:

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Cantigas

Podéis escuchar algunas cantigas con acompañamiento musical:

Ondas do mar de Vigo

Mia irmana fremosa

Eno sagrado en Vigo





Cantar de Mío Cid




En internet existen muy buenas ediciones del Poema del Cid: Universidad de Texas, Portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Miguel Garci-Gómez

Romances

Romances

Romance del infante Arnaldos

Romance del enamorado y la muerte

Romance del prisionero

Romance de la gentil dama

Romance de Abenámar

Romance del rey moro que perdió Valencia

Yo me era mora Moraima

Romance de Fontefrida
Lírica tradicional. Página de Materiales de Lengua.

Berceo y Juan Ruiz




De cómo el arcipreste fuer enamorado

77 Así fuer que un tiempo una dueña me priso,
de su amor non fuy en ese tiempo repiso,
siempre avía d'ella buena fabla e buen riso,
nunca ál fiso por mí, ni creo que faser quiso.

78 Era dueña en todo, e de dueñas señora,
non podía estar solo con ella una hora,
mucho de omen se guardan allí do ella mora;
más mucho que non guardan los jodíos la Tora13.

79 Sabe toda noblesa de oro e de seda,
complida de muchos bienes anda mansa e leda,
es de buenas costumbres, sosegada, e queda,
non se podría vençer por pintada moneda.

80 Enviel' esta cantiga que es deyuso puesta
con la mi mensagera, que tenía empuesta;
dise verdad la fabla, que la dueña compuesta,
si non quier'el mandado, non da buena respuesta.

81 Dixo la dueña cuerda a la mi mensagera:
«Yo veo otras muchas creer a ti, parlera,
»et fállanse ende mal: castigo en su manera,
»bien como la raposa en agena mollera.»
De las propiedades que las dueñas chicas an

1606 Quiero abreviar la predicaçión,
que siempre me pagué de pequeño sermón,
e de dueña pequeña et de breve rasón,
ca poco et bien dicho afincase el corazón.

1607 Del que mucho fabla ríen, quien mucho ríe, es loco
es en la dueña chica amor et non poco,
dueñas hay muy grandes, que por chicas non troco,
mas las chicas e las grandes, se repienten del troco.

1608 De las chicas, que bien diga, el amor me fiso ruego,
que diga de sus noblesas, yo quiero las desir luego,
desirvos he de dueñas chicas, que lo avredes por juego.
Son frías como la nieve, e arden como el fuego.

1609 Son frías de fuera, con el amor ardientes,
en la calle solás, trevejo, plasenteras, rientes,
en casa cuerdas, donosas, sosegadas, bien fasientes,
mucho ál y fallaredes a do bien paredes mientes.

1610 En pequeña gergença yase grand resplandor,
en açúcar muy poco yase mucho dulçor,
en la dueña pequeña yase muy grand amor,
pocas palabras cumplen al buen entendedor.

1611 Es pequeño el grano de la buena pimienta,
pero más que la nues conorta et calienta,
así dueña pequeña, si todo amor consienta,
non ha plaser del mundo que en ella non sienta.
1612 Como en chica rosa está mucho color,
en oro muy poco grand preçio et grand valor,
como en poco blasmo yase grand buen olor,
ansí en dueña chica yase grand sabor.

1613 Como robí pequeño tiene mucha bondat,
color, virtud, e preçios, e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldat,
fermosura, donayre, amor, et lealtad.

1614 Chica es la calandria, et chico el ruyseñor,
pero más dulçe canta, que otra ave mayor;
la muger, que es chica, por eso es mejor,
con doñeo es más dulçe, que açúcar nin flor.

1615 Son aves pequeñas papagayo e orior,
pero cualquier d'ellas es dulçe gritador,
adonada, fermosa, preçiada, cantador,
bien atal es la dueña pequeña con amor.

1616 De la muger pequeña non hay comparaçión,
terrenal parayso es, e grand consolaçión,
solás, et alegría, plaser, et bendiçión,
mejor es en la prueba, que en la salutaçión.

1617 Siempre qu'es muger chica más que grande nin mayor,
non es desaguisado del grand mal ser foidor,
del mal tomar, lo menos, díselo el sabidor,
por ende de las mugeres la mejor es la menor.


Milagros de Nuestra Señora

Amigos y vasallos de Dios omnipotente,
si escucharme quisierais de grado atentamente,
yo os querría contar un suceso excelente:
al cabo lo veréis tal, verdaderamente.

Yo, el maestro Gonzalo de Berceo llamado
yendo en romería acaecí en un prado
verde, y bien sencido, de flores bien poblado,
lugar apetecible para el hombre cansado.

Daban olor soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.

Gran abundancia había de buenas arboledas,
higueras y granados, perales, manzanedas,
y muchas otras frutas de diversas monedas,
pero no las había ni podridas ni acedas.

La verdura del prado, el olor de las flores,
las sombras de los árboles de templados sabores
refrescáronme todo, y perdí los sudores:
podría vivir el hombre con aquellos olores.

Nunca encontré en el siglo lugar tan deleitoso,
ni sombra tan templada, ni un olor tan sabroso.
Me quité mi ropilla para estar más vicioso
y me tendí a la sombra de un árbol hermoso.

A la sombra yaciendo perdí todos cuidados,
y oí sones de aves dulces y modulados:
nunca oyó ningún hombre órganos más templados
ni que formar pudiesen sones más acordados.

Unas tenían la quinta y las otras doblaban;
otras tenían el punto, errar no las dejaban.
Al posar, al mover, todas se acompasaban:
aves torpes o roncas allí no se acostaban.

No hay ningún organista, ni hay ningún violero,
ni giga, ni salterio, ni mano de rotero,
ni instrumento, ni lengua, ni tan claro vocero
cuyo canto valiese junto a éste un dinero.

Pero aunque siguiéramos diciendo sus bondades,
el diezmo no podríamos contar ni por mitades:
tenía de noblezas tantas diversidades
que no las contarían ni priores ni abades.

El prado que yo os digo tenía otra bondad:
por calor ni por frío perdía su beldad,
estaba siempre verde toda su integridad,
no ajaba su verdura ninguna tempestad.

En seguida que me hube en la tierra acostado
de todo mi lacerio me quedé liberado,
olvidé toda cuita y lacerio pasado:
¡el que allí demorase sería bien venturado!
Los hombres y las aves cuantas allí acaecían
llevaban de las flores cuantas llevar querían,
mas de ellas en el prado ninguna mengua hacían:
por una que llevaban, tres y cuatro nacían.

Igual al paraíso me parece este prado,
por Dios con tanta gracia y bendición sembrado:
el que creó tal cosa fue maestro avisado;
no perderá su vista quien haya allí morado.

El fruto de los árboles era dulce y sabrido:
si Don Adán hubiese de tal fruto comido
de tan mala manera no fuera decebido
ni tomaran tal daño Eva ni su marido.

Amigos y señores: lo que dicho tenemos
es oscura palabra: exponerla queremos.
Quitemos la corteza, en él meollo entremos,
tomemos lo de dentro, lo de fuera dejemos.

Todos cuantos vivimos y sobre pies andamos
—aunque acaso en prisión o en un lecho yazgamos—
todos somos romeros que en un camino andamos:
esto dice San Pedro, por él os lo probamos.

Mientras aquí vivimos, en ajeno moramos;
la morada durable arriba la esperamos,
y nuestra romería solamente acabamos
cuando hacia el Paraíso nuestras almas enviamos.

En esta romería tenemos un buen prado
en que encuentra refugio el romero cansado:
es la Virgen Gloriosa, madre del buen criado
del cual otro ninguno igual no fue encontrado.

Este prado fue siempre verde en honestidad,
porque nunca hubo mácula en su virginidad;
post partum et in partu fue Virgen de verdad,
ilesa e incorrupta toda su integridad.

Las cuatro fuentes claras que del prado manaban
nuestros cuatro evangelios eso significaban:
que los evangelistas, los que los redactaban,
cuando los escribían con la Virgen hablaban.

Cuanto escribían ellos, ella se lo enmendaba;
sólo era bien firme lo que ella alababa:
parece que este riego todo de ella manaba,
cuando sin ella nada a cabo se llevaba.

La sombra de los árboles, buena, dulce y sanía,
donde encuentra refugio toda la romería,
muestra las oraciones que hace Santa María,
que por los pecadores ruega noche y día.

Cuantos son en el mundo, justos y pecadores,
coronados y legos, reyes y emperadores,
allí corremos todos, vasallos y señores,
y todos a su sombra vamos a coger flores.
Los árboles que hacen sombra dulce y donosa
son los santos milagros que hace la Gloriosa,
que son mucho 'más dulces que la azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita rabiosa.

Y las aves que organan entre esos frutales,
que tienen dulces voces, dicen cantos leales,
esos son Agustín, Gregorio y otros tales,
todos los que escribieron de sus hechos reales.

Todos tenían con ella gran amistad y amor,
en alabar sus hechos ponían todo su ardor;
todos hablaban de ella, cada uno a su tenor,
pero en todo tenían todos igual fervor.

El ruiseñor que canta por fina maestría,
y también la calandria, hacen gran melodía;
pero cantó mejor el barón Isaías
y los otros profetas, honrada compañía.

Cantaron los apóstoles por modo natural,
confesores y mártires hacían bien otro tal;
las vírgenes siguieron a la madre caudal;
todos ante ella cantan canto bien festival.

Por todas las iglesias —y esto es cada día—
cantan laudes ante ella toda la clerecía;
todos festejan y honran a la Virgo María:
estos son ruiseñores de gran placentería.

Volvamos a las flores que componen el prado,
que lo hacen hermoso, apuesto y tan templado:
las flores son los nombres que dan en el dictado
a la Virgo María, madre del buen criado.

Esta bendita Virgen es estrella llamada,
estrella de los mares y guía muy deseada;
es de los marineros en la cuita implorada,
porque cuando la ven la nave va guiada.

La llaman —y lo es— de los Cielos Reina,
templo de Jesucristo, estrella matutina,
señora natural y piadosa vecina,
de cuerpos y de almas salud y medicina.

Ella es el vellocino que fue de Gedeón
en que vino la lluvia una grande visión;
y la llaman la honda de David el barón,.
con la cual confundió al gigante felón

Es llamada la fuente de quien todos bebemos,
y nos dio el alimento de quien todos comemos;
ella es llamada el puerto a quien todos corremos,
y puerta por la cual muestra entrada atendemos.
Es llamada la puerta, en. sí bien encerrada,
abierta para nos, para darnos la entrada;
ella es la paloma de hiel bien esmerada
en quien no cae ira, y siempre está pagada.

Ella con gran derecho es llamada Sión,
porque es nuestra atalaya y nuestra protección;
ella es llamada trono del sabio Salomón,
rey lleno de justicia, muy sapiente barón.

No existe nombre alguno que del bien no provenga
que de alguna manera con ella no se avenga;
y no hay tal que raíz en ella no la tenga:
ni Sancho ni Domingo, ni Sancha ni Domenga.

La llaman vid, y es uva, y almendra, y es granada
que de granos de gracia está toda plasmada;
oliva, cedro, bálsamo, palma verde brotada,
pértiga en la que estuvo la sierpe levantada.

La vara que Moisés en la mano llevaba,
que confundió a los sabios que Faraón preciaba,
con la que abrió los mares y después los cerraba,
si no es a la Gloriosa, al no significaba.

Si parásemos mientes en el otro bastón
que partió la contienda y estuvo por Aarón,
al no significaba —lo dice la lección—
sino a la Gloriosa, y con buena razón.

Amigos y señores, en vano contendemos,
estamos en gran pozo, fondo no encontraremos:
más serian los nombres que de ella leemos
que las flores del campo mayor que conocemos.

Ya dijimos arriba que eran los frutales
en los que hacían las aves los cantos generales
sus milagros muy santos, grandes y principales,
los cuales organamos en las fiestas caudales.

Pero quiero dejar los pájaros cantores,
las sombras y las aguas, las antedichas flores:
quiero de estos frutales, tan llenos de dulzores,
hacer algunos versos, amigos y señores.

Quiéreme en estos árboles un ratito subir
—es decir, quiero algunos milagros escribir—.
La Gloriosa me guíe que lo pueda cumplir,
que solo no podría bien airoso salir.

Tendré por un milagro más que hace la Gloriosa
el que quiera guiarme a mí en esta cosa:
Madre llena de gracia, Reina poderosa,
guíame Tú en esto, Tú que eres piadosa.

Por España quisiera en seguida empezar,
por Toledo la grande, afamado lugar:
que no sé por qué extremo comenzaré a contar,
porque son más que arenas a la orilla del mar.

El libro de buen amor del Arcipreste de Hita

Aquí dise de cómo fue fablar con doña Endrina el arçipreste

¡Ay, quán fermosa viene
Doña Endrina por la plaça!
¡Qué talle, qué donayre,
qué alto cuello de garça!
¡Qué cabellos, qué boquilla,
qué color, que buenandança!

Pero tal lugar non era
para fablar en amores,
a mí, luego, me vinieron
muchos miedos e temblores.
Los mis pies e las mis manos
non eran de sí señores,
perdí seso, perdí fuerza,
mudáronse mis colores.

Fablar con muger en plaça
es cosa muy descobierta,
porque, a veçes, mal atado
está el perro tras la puerta.
La buhona con harnero
va tañendo cascaveles,
y menando de sus joyas,
sortijas con alheleles.

Abaxe más la palabra,
dixel quen juego fablaba,
porque tot aquella gente
de la plaça nos miraba.
Començé a decir mi quexa
del amor que me afincaba.

Con la gran pena que paso
vengo vos decir mi quexa;
vuestro amor e deseo
que me afinca, que me aquexa.
Non me tira, non me parte,
non me suelta, non me dexa.




Poesía del siglo XV

Marqués de Santillana

La vaquera de la Finojosa

Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com'una vaquera
de la Finojosa.
Faciendo la vía 5
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fraguosa
perdí la carrera, 10
do vi la vaquera
de la Finojosa.
En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado 15
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa. 20
Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera;
fablando sin glosa, 25
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa;
non tanto mirara
su mucha beldad, 30
porque me dejara
en mi libertad.
Mas dije: «Donosa
-por saber quién era-,
¿dónde es la vaquera 35
de la Finojosa?»
Bien como riendo,
dijo: «Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades; 40
non es deseosa
de amar, nin lo espera,
aquesa vaquera
de la Finojosa».
Menga de Manzanares

Por todos estos pinares
nin en Val de la Gamella,
non vi serrana más bella
que Menga de Manzanares.
Descendiendo'l yelmo ayuso, 5
contra Bóvalo tirando,
en ese valle de suso
vi serrana entrar cantando;
saluela, segund es uso,
e dije: «Serrana, estando 10
oyendo, yo non m'excuso
de facer lo que mandares».
Respondiome con ufana:
«Bien vengades, caballero.
¿Quién vos trae de mañana 15
por este valle señero?
Ca por toda aquesta llana
yo non dejo andar vaquero,
nin pastora, nin serrana,
sinon Pascual de Bustares. 20
Pero ya, pues la ventura
por aquí vos ha traído,
convien'en toda figura,
sin ningund otro partido,
que me dedes la cintura, 25
o entremos a braz partido,
ca dentro en esta espesura
vos quiero luchar dos pares».
Desque vi que non podía
partirme d'allí sin daña, 30
como aquel que non sabía
de luchar arte nin maña,
con muy grand malenconía,
armele tal guadramaña
que cayó con su porfía 35
cerca d'unos tomellares.
La mozuela de Bores

Mozuela de Bores
allá do la Lama
púsom'en amores.
Cuidé qu'olvidado
Amor me tenía, 5
como quien s'había
grand tiempo dejado
de tales dolores,
que más que la llama
queman amadores. 10
Mas vi la fermosa
de buen continente,
la cara placiente,
fresca como rosa,
de tales colores 15
cual nunca vi dama
nin otra, señores.
Por lo cual: «Señora
-le dije-, en verdad
la vuestra beldad 20
saldrá desd'agora
dentr'estos alcores,
pues meresce fama
de grandes loores».
Dijo: «Caballero, 25
tiradvos afuera;
dejad la vaquera
pasar al otero;
ca dos labradores
me piden de Frama, 30
entrambos pastores».
«Señora, pastor
seré si queredes;
mandarme podedes,
como a servidor; 35
mayores dulzores
será a mí la brama
que oír ruiseñores».
Así concluimos
el nuestro proceso 40
sin facer exceso,
e nos avenimos.
E fueron las flores
de cabe Espinama
los encubridores. 45
La serrana de Boxmediano

Serranillas de Moncayo,
Dios vos dé buen año entero,
ca de muy torpe lacayo
faríades caballero.
Ya se pasaba el verano, 5
al tiempo que hombre s'apaña
con la ropa a la tajaña,
encima de Boxmediano
vi serrana sin argayo
andar al pie d'un otero, 10
más clara que sal'en mayo,
el alba nin su lucero.
Díjele: «Dios vos mantenga,
serrana de buen donaire».
Respondió como'n desgaire: 15
«¡Ay!, qu'en hora buena venga
aquel que para Sant Payo
d'esta irá mi prisionero».
E vino a mí como rayo
diciendo: «Preso, montero». 20
Díjele: «Non me matedes,
serrana, sin ser oído,
ca yo non soy del partido,
d'esos por quien vos lo habedes.
Aunque me vedes tal sayo 25
en Ágreda soy frontero,
e non me llaman Pelayo,
maguer me vedes señero».
Desque oyó lo que decía,
dijo: «Perdonad, amigo, 30
mas folgad ora conmigo,
e dejad la montería.
A este zurrón que trayo
quered ser mi parcionero,
pues me fallesció Mingayo, 35
que era comigo ovejero.
Jorge Manrique

I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.


II

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
mas que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.


III

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir,
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


IV

Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
aquel sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.


V

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.


VI

Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
Aun aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos,
y a morir en este suelo
do murió.
VII

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor
aun primero que miramos
las perdemos:
de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.


VIII

Decidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

IX

Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y inodos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuán bajos y abatidos
que los tienen!;
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.


X

Los estados y riqueza,
que nos dejen a deshora
¿quién lo duda?
no les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda.
Que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.


XI

Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño;
y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.


XII

Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.
XIII

Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan gloriosa,
angelical,
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta!

XVII


¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados y vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

XIX

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

XXIII


Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿do los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las aterras
y deshaces.

XXIV

Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.


XXV

Aquel de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre Don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.
XXVI

Amigos de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Que seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!

XXXIII

Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta


XXXIV

diciendo: -«Buen caballero
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.


XXXV

«No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa
acá dejáis,
(aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

XXXVI

«El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.


XXXVII

«Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos;
y con esta confianza,
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.»
XXXVIII

[responde el Maestre]

-«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.

XL

Fin
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejonos harto consuelo
su memoria.


Recitación de Manuel López Castilleja

Amancio Prada- Copla 1ª

Amancio Prada- Copla XII

Amacio Prada- Copla XXV

Amancio Prada- XXXIII

Amancio Prada- Copla XXXIV

Amancio Prada- XXXVIII


Coplas a la muerte de su colega- Luis García Montero

Recitación de Manuel López Castilleja

coplas-a-la-muerte-de-su-colega-luis-garcia-montero

Don Juan Manuel




Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana by Joaquín Mesa